Precalienta el horno a 200 grados.
Lava bien las patatas con un cepillo o un trazo poroso.
Ahora toca cortarlas, este proceso es fundamental, ya que dependerá de como queden las patatas al final. Coloca cada patata entre dos cucharas de madera y haz unos cortes con una separación de 1 a 1,5 cm, pero ten cuidado en las puntas cuando cortes.
Reparte las patadas en un plato para hornear con un chorrito de aceite y coloca 15 gr de mantequilla encima de cada patata.
Mételas en el horno durante 30 minutos.
Sácalas del horno y engrásalas con el aceite que tendrás en el plato.
Echa el ajo, la cebolla, el romero y el orégano en polvo encima de las patatas.
Baja a 180 grados la temperatura del horno.
Vuelve a meter el plato en el horno otros 10 minutos.
Saca el plato y echa la sal.
Y ya está todo listo para servir.